La Real Academia Española define ‘libro’ como un conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. A pesar de esta definición aséptica, exenta de toda emoción o sentimiento, aquellas personas conocedoras del placer de la lectura sabrán que un libro es mucho más y, por ello, regalar libros también lo es.

“De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación”, decía el erudito escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986). Considerado uno de los más destacados de la literatura del siglo XX, Borges le otorgó al libro unas cualidades bien merecidas. Se trata pues, de un objeto inanimado que al abrir sus páginas cobra vida en la imaginación del lector.

Con las presentaciones hechas, cabe imaginar que un libro sería el regalo ideal para pequeños y mayores. A menudo se regala ropa, tecnología o dulces que, o bien no encajan en el estilo de uno, o bien tienen una vida útil limitada o, también puede ocurrir, caducan antes de que tengamos oportunidad de probarlos por puro descuido o exceso de ellos; o no nos gustan o, peor aún, no los necesitamos. Un libro en cambio, se torna la opción perfecta para un regalo imperecedero, con una vida útil mayor, y un sinfín de propuestas para encajar con los gustos de la persona que lo reciba.

No solo estaremos regalando un libro, sino una experiencia, una aventura, un mundo de ideas por conquistar. Uno puede pasarse las noches a bordo del barco ballenero Pequod, comandado por el capitán Ahab, junto a Ismael y el arponero Quiqueg en la obsesiva y autodestructiva persecución de un gran cachalote blanco; y comenzar las mañanas navegando con Huckleberry Finn y Jim por el río Misisipi en una balsa. Mientras, el triste tren de Anna Karenina es el plan ideal para las tardes.

Desde las obras de Herman Melville, Mark Twain o León Tolstói, haciendo una parada obligada en el mundo de las hermanas Bennet y Mister Darcy de Jane Austen, hasta las novelas contemporáneas y trepidantes como la de Jessica Shattuck, sobre las consecuencias de la guerra y las promesas de la paz; hay una opción para cada lector ávido de experiencias y con la curiosidad a flor de piel.

Pero, para regalar libros, no vale cualquier clase de libros, si uno está comprometido con el medio ambiente. Así, los libros de segunda mano o usados y las librerías de lance en las que encontrarlos, serán el aliado perfecto de quien busque regalar ideas en forma de libro: la extensión de la memoria y la imaginación de la que hablaba Borges.